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Inicios de la Civilización Peruana y su relación con Chavín

Publicado el 29 de Mayo de 2008.

Por Richard L. Burger (*)

Desde mi punto de vista, el estudio de los inicios de la civilización peruana ha ingresado a una suerte de pachacuti, esto es, un período de caos caracterizado por el trastorno del orden y las concepciones que lo sustentó. Existe una creciente, toma de conciencia sobre las preguntas no contestadas y las contradicciones no explicadas que no pueden resolverse o aún examinarse, utilizando el marco conceptual de Julio C. Tello, elaborado posteriormente por la mayoría de investigadores.

"Chavín", con sus múltiples significados y usos, no debe continuar utilizándose como vehículo heurístico para organizar, entender y explicar las tempranas sociedades complejas descubiertas en la costa y la sierra del Perú. Actualmente nos encontramos en un punto clave de la historia de la arqueología peruana donde reconocemos dicha situación; al mismo tiempo, se inicia la apertura de un nuevo discurso, el primer paso para restablecer el orden.

Una re-evaluación del valor heurístico de "Chavín" para estudiar la arquitectura monumental temprana hubiera sido iniciado con el descubrimiento de restos monumentales del Precerámico Tardío en la costa, muchos años antes de la "Conferencia sobre Chavín", en Dumbarton Oaks. Sin embargo, tal como el artículo sobre Aspero de Michael Moseley y Gordon Willey (1973) nos ilustra, el conjunto dominante de ideas acerca de la prehistoria peruana jugó un rol importante en la formación de las inferencias obtenidas desde los hallazgos de 1941, de tal manera, que como consecuencia, Aspero fue originalmente asignado al horizonte Ancón-Supe u Horizonte Chavín, a pesar de la ausencia de cerámica asociada (Willey y Corbett 1954). Esta conclusión estaba conforme con la idea ampliamente aceptada según la cual, la arquitectura monumental fue construida por primera vez durante el Horizonte Chavín o, en otros términos, la Etapa Cultista (Bennet y Bird 1960).

Paulatinamente, debido al trabajo pionero de Fréderic Engel (1957, 1958, 1966) y los estudios detallados de Edward Lanning (1964, 1967), Thomas Patterson (1971; Patterson y Lanning 1964; Patterson y Moseley 1968), Rosa Fung (1972) y Michael Moseley (1975), se tornó evidente que no sólo había conjuntos arquitectónicos monumentales más antiguos asignados al Precerámico Tardío, sino también que la arquitectura de este tipo fue notablemente común durante dicha etapa. A pesar de ello, la diferencia entre modestas plataformas precerámicas como las de Aspero (Feldman 1985) y la impresionante arquitectura y arte público de los sitios del Horizonte Temprano, ejemplificada por Chavín de Huántar, fue tan fuerte que la evidencia del Precerámico Tardío fue considerada por muchos, sin ninguna relación a la discusión de la civilización Chavín.

En el III Congreso Peruano del Hombre y la Cultura andina, celebrado en Lima en 1977, Toribio Mejía Xesspe insistió en describir a la Huaca La Florida como centro Chavín, a pesar de que anteriormente se habían publicado fechas radiocarbónicas tempranas y cerámica pre-Chavín de dicho sitio (Patterson y Moseley 1968: 119-120). Mejía (1978: 497-498) identificó La Florida como Chavín siguiendo el criterio de Tello, según el cual toda alfarería marrón (monócroma) e incisa era considerada Chavín. En cambio, Patterson y otros formularon una detallada secuencia alfarera para el Período Inicial y el Horizonte Temprano de Ancón y se comprobó que la cerámica de La Florida era contemporánea con una fase temprana de dicha cronología, unos 1200 años antes de la aparición de materiales relacionados al Horizonte Chavín (Patterson y Moseley 1968; Patterson 1971, Scheele 1970, Burger 1972). Al asignar La Florida a los inicios del Período Inicial, Patterson demostró que los templos en U y la arquitectura verdaderamente monumental no deben utilizarse como elementos diagnósticos de la "influencia Chavín"; desafortunadamente, las implicaciones de su trabajo no fueron inmediatamente tomadas en cuenta. La evidencia estratigráfica y los materiales que sirven para fechar La Florida fueron presentados por Patterson (1985) en Dumbarton Oaks, La Florida se ubica al comienzo del Período Inicial y esto es singularmente significativo, ya que La Florida es monumental, en un sentido en que los centros del Precerámico Tardío no lo son, tal como lo afirma Aspero. En efecto, La Florida demandó 6 millones de hombres-día para construirlo y Patterson (1985) concluye que fue construida y abandonada en dos o tres siglos.

Los reconocimientos arqueológicos de Harry Scheele (1970), Carlos Williams (1971, 1972) y otros, comenzaron a ubicar en un amplio contexto regional los escasos sitios monumentales excavados, del Período Inicial. De pronto, en la costa central, fue necesario no sólo explicar La Florida, sino también otras catorce construcciones en forma de U y por lo menos treinta complejos arquitectónicos con grandes plataformas y plazas circulares hundidas. Todos los valles principales de la costa central resultaron presentar varios centros, la mayoría anteriores al Horizonte Temprano.

Estos centros costeños del Período Inicial tuvieron posiblemente sus antecedentes en aquellos del Precerámico Tardío discutidos por Moseley (1985) y Feldman (1985), de la misma forma que los centros Chavín del Horizonte Temprano derivaron de las ricas tradiciones arquitectónicas del Período Inicial. Una serie de variantes regionales de arquitectura monumental del Período Inicial tales como, los templos en forma de U de la costa central; las plazas circulares hundidas de la costa nor-central; los complejos con columnatas en la costa-norte; los montículos aterrazados de la sierra norte y los recintos rituales con fogones centrales de la sierra norcentral, ya han sido descritos.

Numerosos centros del Período Inicial son sustancialmente más grandes que Chavín de Huántar. La pirámide principal de Sechín Alto, considerada por muchos del Período Inicial, es según cálculos de Moseley (1978: 521) quince veces más grande que el Castillo de Chavín; y varios centros en U del Período Inicial (San Jacinto, por ejemplo) son sustancialmente más grandes que cualquiera de los complejos conocidos del Horizonte Temprano. Huaca Los Reyes y otros sitios del Período Inicial son menos monumentales, pero como William Conklin (1985) lo demostró con claridad, su arquitectura es por lo menos tan elaborada y compleja como la de Chavín de Huántar. De este modo, parece razonable sugerir que en este momento de la historia de la arqueología peruana, la urgencia por explicar la "emergencia de Chavín" ha perdido su objetivo original y el problema de entender el nuevo y variado corpus de restos pre-Chavín demanda nuestra atención, forzándose a plantear un conjunto de interrogantes completamente nuevo. El reto que debemos enfrentar es grande y la evidente falta de cohesión y síntesis testimonia esta problemática. Es como si estuviéramos viendo el mundo a través del ojo de una aguja llamada "Chavín", repentinamente éste es retirado, dejándonos cegados por la luz.

El significado de la temprana civilización peruana en la prehistoria mundial justifica nuestros esfuerzos. Mesoamérica, considerado por mucho tiempo como el niño precoz de América, todavía se hallaba en el nivel aldeano para la época a la que nos referimos, y la arquitectura monumental en el Perú se inicio mil años antes de que la gesta Olmeca tuviera lugar. De manera que no existe mayor duda en considerar los Andes Centrales como la parte del hemisferio en donde surgieron las primeras sociedades complejas y las más antiguas arquitectura monumental.

La existencia de redes de intercambio costa-sierra ha sido documentada por la arqueología al recuperar restos de concha, pescado y otros materiales costeños en sitios serranos del Precerámico Tardío, tales como la Galgada y Huaricoto. La intensidad de las relaciones sierra-costa se manifestó a comienzos del Período Inicial, compartiendo la tecnología alfarera, las convenciones decorativas y las formas de cerámica más antiguas en ambas regiones (Burger y Salazar-Burger 1985).

Es útil en este contexto, considerar el trabajo realizado en los centros tempranos de la costa central por Carlos Williams en las dos últimas décadas. Dicho estudio combina rigurosos análisis arquitectónicos y tipológicos acompañados de atrevidas interpretaciones (Williams 1972, 1981, 1985). Williams distingue dos tradiciones arquitectónicas en la costa central: una entre Lurín y Supe, con edificios en U; y la otra encontrada principalmente en Casma, Huarmey y Pativilca, con plataformas rectangulares y plazas circulares hundidas. El citado autor concluye que, desde una perspectiva arquitectónica, las convenciones observadas en Chavín de Huántar son típicas de la costa central y probablemente fueron llevadas a la sierra desde dicha región. Esta conclusión se relaciona y complementa el hecho de que la arquitectura de la Tradición Religiosa Kotosh, con sus fogones ceremoniales, fue típica de la sierra de Ancash y Huánuco durante el Precerámico Tardío y el Período Inicial, mientras que los elementos arquitectónicos discutidos por Williams son foráneos e intrusos en la región Chavín (Burger y Salazar-Burger 1980; Burger 1984).

Una sorprendente pero crítica debilidad de una serie de estudios recientes del Período Formativo en el Perú, es la falta de control cronológico ha sido siempre una de las características de la arqueología peruana, pero el uso repetido de términos como: arquitectura temprana, sociedades complejas tempranas, formativo o simplemente Horizonte Temprano o Período Inicial, para ubicar los sitios en un marco temporal, refleja una difundida inseguridad sobre la edad de estos asentamientos. El término "formativo", incluso si se suprime el Formativo Superior, equivale a aproximadamente 1600 años medidos en C14. Este lapso es más o menos equivalente al tiempo transcurrido entre la desaparición de Chavín y la llegada de Pizarro a Cajamarca. La división de este período en dos o tres unidades consecutivas no permitirá discutir el proceso cultural sino de la manera más general y especulativa.

Los arquitectos, aunque tratan sofisticadamente la construcción y el diseño, están entre los que menos se preocupan de la cronología no arquitectónica. La secuencia de los centros ceremoniales en 6 fases, elaborada por Williams (1985), tiene escaso o ningún apoyo arqueológico; de igual modo la secuencia de ocho fases propuesta por el arquitecto William Coklin para Huaca de Los Reyes (1985), flota en el tiempo. La única conexión entre la cronología de Coklin para Huaca de Los Reyes y otros sitios, se basa en el estilo de los frisos de barro (fases 5-7), la cual, se dice, está relacionada a la fase D de Rowe para Chavín de Huántar. He propuesto en otro trabajo, que Huaca de Los Reyes data de fines del Período Inicial y no del Horizonte Temprano (Burger 1981: 598-599); además, el análisis arquitectónico de Coklin de las fases 5-7 de Huaca Los Reyes, demuestra que son arquitectónicamente innovativas, pero no se asemejan a Chavín de Huántar.

La dificultad de fechar los centros tempranos es un tema importante. En general, los problemas cronológicos afectan inevitablemente los intentos de síntesis. Los últimos estudios realizados en Media Luna, valle del Chillón, por Jeffrey y Quilter, demuestran que por lo menos un centro arquitectónico asignado por todos al Precerámico Tardío, fue realmente construido durante el Período Intermedio Temprano (Quilter, ms). Incluso la antigüedad del sitio de Sechín Alto, que cubre una extensión de aprox. 200 ha., se basa en muestras obtenidas de pozos de prueba (Collier 1962); como ilustran los estudios de Huaricoto (Burger y Salazar-Burger 1985), el fechado de la arquitectura ceremonial temprana es difícil, aún con extensas excavaciones.

Datos que nos permitan comprender qué es lo que realmente ocurrió con la arquitectura de los centros públicos, no han sido recuperados. ¿Cuál o cuáles fueron las funciones de estos complejos y qué cambios sufrió el rol de éstos durante los dos milenios de su existencia? ¿Cuál fue la relación entre los numerosos complejos presentes en el valle?. La ausencia de datos contextuales y la escasez de información sobre los sistemas de asentamiento de esta etapa, imprime un carácter un tanto unidimensional y formal a muchas discusiones del Formativo Peruano.

(*) Abstracto de : "Los Inicios de la Civilización Peruana y su Relación con el Horizonte Chavín".
En: Burger, Richard L..- Emergencia de la Civilización en los Andes: Ensayos de Interpretación.-
Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1993.- pp. 23 - 39
Textos contenidos en el CD del Fondo Documentario de la Cultura Peruana.

 

Allinta Uyariyta yachaspaqa, allintataqmi yachanki.
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